Publicado en Crianza
Por Rustikids

Cuarentena con niños

En el 2020 el mundo se vio shockeado por la primera pandemia de la era moderna, dentro de las medidas más notorias para combatir la epidemia de Covid-19 encontramos el aislamiento social y la reclusión domiciliaria. Por lo que el trabajo y el estudio pasaron a ser desde nuestros hogares. Lo que tuvo y tiene grandes consecuencias en la psiquis tanto de adultos como de niños.

Por este motivo decidimos conversar con la Licenciada en Psicología María del Carmen Amorín, postgraduada en Psicología de Niños y Adolescentes. 

Carmen:

Estar con los niños todo el día en la casa fue algo extraño e inexplorado. Hace un tiempo sonaba como algo impensado con el mundo andando a mil, el trabajo, las ocupaciones, el colegio, la vida social. Sin embargo, el año pasado nos alcanzó la pandemia. El colegio cerró, las actividades cesaron, la vida social se mitigó, el trabajo se limitó. Y desde hace meses, muchos  niños en todo el mundo están confinados.

Se prolonga la cuarentena y podrían ser meses extraordinarios, para aquellos padres que tengan tiempo de calidad con sus hijos. Pero también puede ser un tiempo donde el estrés, la angustia, el miedo, el enojo sobrepase cualquier límite conocido. Como adultos, nos vemos inmersos en una situación atípica donde sentimos angustia por lo que sucede, nos causa miedo la enfermedad, nos preocupamos por nuestro trabajo, nos enojamos y frustramos con las personas más cercanas. Es muy importante que como padres no se asuma una actitud autocrítica ni culposa, sino que se intente actuar desde la capacidad de cuidar y contener a los niños.

Más allá de los conocimientos que pudiera tener cada uno, nadie estaba preparado para trasladar la escuela a la sala de su casa, ser co-educadores de sus hijos, reemplazar el recreo, los juegos con amigos, las risas cómplices, los afectuosos abrazos, las meriendas compartidas.

Las actividades laborales se combinaron con las del hogar y la rutina, lo que duplicó el gasto de energía. Estas situaciones marcaron el inicio del cansancio, agotamiento tanto físico como mental. Según un estudio realizado en distintos países de Latinoamérica sobre el impacto psicológico que ha tenido esta pandemia en los niños, ha determinado dos síntomas importantes:

- Aumento 73% la demanda hacia el adulto

- Aumento 61% la reactividad emocional

Cuando hablamos de reactividad emocional nos referimos a la capacidad de respuesta que puede tener un niño frente a una situación o estimulo, en este caso, se observa que los niños están más sensibles, irritables, menos tolerantes.

Teniendo en cuenta lo anterior, ¿Qué consideraciones debemos tener?

1-Contención emocional: la pandemia es un momento que genera miedo, enojo, tristeza, preocupación en los niños. Si bien estas emociones son necesarias y los ayudan a sobrevivir, cuando se activan y aumentan su intensidad pueden producir cuadros de estrés, angustia, ansiedad. Por lo tanto, el ser cuidadores implica ser figuras capaces de contener, validar sus emociones, brindando tranquilidad, confianza, calidez, empatía.

Cuando un niño se encuentra frente a una emoción fuerte podemos ayudarlos de diferentes maneras:

-Encontrar la calma (respiración profunda, meditación, lugar tranquilo, escuchar música relajante o sonidos blancos)

-Expresar en palabras lo que siente, donde lo siente en su cuerpo, que lo perturba, que lo calma.

-Buscar juntos la mejor manera de expresarse y sobrellevar las diversas situaciones.

2-Autorregulación: para mitigar el impacto de la pandemia en los niños, los adultos necesitan regular su estabilidad emocional, de lo contrario, las sensaciones captadas por los niños serán de inseguridad más que de protección y calma. La autorregulación se logra reconociendo los puntos de estrés y los propios recursos para afrontar situaciones adversas.

3-Rutinas y horarios: los niños necesitan estructura y límites en su desarrollo integral. Las rutinas y hábitos ayudan a disminuir la ansiedad y el estrés.  Para esto, es necesario ajustar el tiempo y el espacio de acuerdo a las necesidades propias y las de los niños.

Organizar el día (horarios de despertares e irse a dormir, comer, realizar tareas, jugar). Intercalar actividades aburridas (pero necesarias) con otras más divertidas. Intentar hacer un uso inteligente de los dispositivos electrónicos (cuando los adultos tienen una reunión de trabajo, para jugar con los amigos). Con ello, los adultos se mantendrán más tranquilos y los niños más seguro a largo plazo.

4-Actividades en conjunto: jugar, dibujar, pintar, cantar, leer, ver películas, son actividades que todos pueden realizar juntos. El juego es el lenguaje del niño, mediante el cual pueden expresar todas sus vivencias y emociones. Compartir el juego con ellos, es un momento de conexión única, además de ser un espacio terapéutico para ambos.

5-Ajustar expectativas: muchas veces ponerse exigencias muy altas no juega a favor. Por eso, es importante ajustar las expectativas a la realidad y dinámicas de cada uno, sin entrar en comparaciones. No hay que ser madres y padres perfectos, solo tratar de hacer lo mejor posible en las situaciones complejas.

Recuerden, lo difícil no es criar hijos, sino hacer todo lo demás mientras los crías.